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jueves, 12 de noviembre de 2009

"Tracey la Guarra" y los impuestos



Tate Gallery, 1999, para los premios Turner

Una película de una hora en la que la artista entrevista a su alter ego, bautizada como Tracey la Guarra.

Tracey Emin: «¿Por qué te crees tan especial?»
Tracey la Guarra: «Nunca he dicho que lo fuera.
Soy una alcohólica, neurótica, psicótica, una quejiga
obsesionada conmigo misma, pero soy una artista».

Tracey Emin: «¿Por qué eres tan degenerada?
Eres una viciosa, estás cubierta de herpes y Dios sabe de qué más.
¿Es que no te has visto?»

Tracey la Guarra: «No creo que sea buena, pero si otras personas
se cuestionaran a sí mismas seguramente pensarían lo mismo»


No sabemos si la que amenaza con abandonar Gran Bretaña por los elevados impuestos que tiene que pagar es la Guarra o la Emin. La cuestión es que Saatchi ha intervenido en el cambio radical del mercado del arte, obviamente, desde el sector privado, pero, el mar por el que hace su progreso este auténtico tiburón de las finanzas es uno cuya sal, o dinero, es público. Las Traceys, la Guarra y la Emin, se forran a base de compras, sobre todo, del sector público. La reputación de la muchacha, o de las muchachas y sus balances bancarios -que deben quitar el hipo- se han cementado a base de colecciones públicas. Pero a la chica no le parecen bien los impuestos a pagar, a Lola Flores tampoco le parecían bien, y a tantas otras tonadilleras de postín, y aquí todos tan panchos. Quizá las dos Traceys, la fina y l amenos fina, se preguntarán: ¿Y para que valen todos nuestros impuestos? ¿Qué hacen con ellos? ¿Por qué nosotras, que somos tan guapas y tan artistas, tenemos que pagar como todos los demás?. Y quizá yo me ande contradiciendo, en parte, por que esto de dibujar la idea del artista moderno y sus paradojas y sus incoherencias, y sus insondables getones, y lo que les ha costado hacer pagar sus getas a precio de oro, y la necesidad de sus figureos y gamberradas, o la no necesidad ni de ellos ni del arte, ni de nada de nada, es, precisamente, lo que ando yo indagando y por allá y por acá preguntando.

Pero, la verdad, la Guarra tiene su aquel. ¿qué no?

Emin tras "Cast Iron Lover"


Esta no es Elsa von Freytag-Loringhoven, pero de ella, de Elsa, dijeron ya en 1920 que podría ser "una oriental desnuda haciendo solemnes gestos de indecencia en una danza sexual de su propia religión. Su éxtasis en semejante danza bacante será una de las propiedades de su arte. Esto lo dirá Evelyn Scott un poeta que hablará de un emigrada enorme y olorosa que dará algo de lo que hablar a los neoyorkinos de las primeras décadas del siglo XX. Ágil en la figura, y tan graciosa como un leopardo, como será descrita en 1915 en el New York Times, era un dama de alta alcurnia extremadamente radical en las proclamas de su voraz sexualidad sin género, una señora de látigo, que, decían, azotaba como una verdadera dominatrix al mundo del arte y al de la poesía , un Baronesa refugiada y temible. O un "Barone" como la llamaba William Carlos Williams.

Escribirá el poema desconocido más famoso del mundo, "Cast Iron Lover", un poema de 9 páginas de una "intensidad explosiva", como un "volcán inconsciente", como dirá Maxwell Bodenheim: "Es refrescante ver a alguien enseñando las garras y corriendo todos los velos a base de aullidos, vómitos, y saltando al desnuda". Ese mismo año, en 1917, y para ilustrar su gran poema realizará su "God", una tubería retorcida sobre si misma y apuntando al cielo, una pieza aun no asimilada por la crítica y gestada al mismo tiempo que el urinario, pieza esta que la Baronesa cedió amablemente a su amigo Duchamp, que por casualidad andaba tambiéne n Philadelphia, sin preveer ni de lejos la que se iba a armar.

Ella, una rareza que iba regalando piezas a medio elaborar y performaces gratuitos, le gustaba dejar al personal perplejo mientras se quitaba su camisa con solemnidad en el lugar menos pensado y más público. Una consciencia salvaje que no violó las reglas sino que entró en otro estadio de lo real y lo posible donde ya no habría ninguna regla a la altura de las circunstancias. Todo su trabajo fue perfectamente coherente y en conjunto adquiere cierta normalidad que hoy sería llevada a Venecia.
Por supuesto que el "mainstream" no se la llevará a Italia sino que la catapultará al olvido, ella fue "demasiado lejos" saliendo con sistematicidad del campo de recreo del juego vanguardista.

De la Emin dicen que es egocéntrica, una obsesa de sexo, que es victimista, una alcohólica, loca por ser "celebrity" y acomodada en su "autopromoción y venta". La verdad que visto lo visto no veo escándalo por lugar alguno. La autopromoción y venta ha sido básica en toda la historia del arte y mucho más desde que el pintor de la vida moderna se comenzase a perfilar allá por el XIX. Que una dama haga lo propio tan alegremente me parece no solo "no alarmante", sino también muy loable, la verdad. Ahora ella es un icono de jovencitas por "comercializar sus traumas". La gestión es muy similar a la que llevo Elsa durante toda su vida, militancia contra todo y contra todos, traumas aireados, vómitos y arengamientos a las masas entumecidas en busca de sus dosis homeopáticas de modernidad. La diferencia, la Emin se forra y se pone ciega a todo lo que pilla, la pobre Baronesa murió asfixiada y sin un clavel; antes podía uno aún escandalizar, hoy el escándalo vende mucho y genera mucha pasta... ¿por qué una artista no puede aprovecharse de ello?, ¿por qué al artista se le exige solemnidad?, ¿no ha llegado un punto de cambiar un término tan estirable como el de "artista"?, ¿no se ha ido la garete hasta la idea de "el arte" uno y único?