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sábado, 5 de septiembre de 2009

Queer Tórtola

Tiene al andar la gracia del felino, / es toda llena de profundos ecos, / anuncian sus corales y sus flecos / un sueño oriental de lo divino. / Los ojos negros, cálidos, astutos, / triste de ciencia antigua la sonrisa, / y la falda de flores una brisa / de índicos y sagrados institutos. / Cortó su mano en un jardín de Oriente / una manzana del árbol prohibido / y enroscada a sus senos la serpiente / devora la lujuria de un sentido sagrado / Mientras, en la tiniebla transparente / de sus ojos, la luz pone un silbido.

R. M. del Valle-Inclán, 1922

Marqués, homosexual y dandy

Decía el marqués de Vinent que una persona que llama la atención nunca es peligrosa. Sólo los que quieren pasar desapercibidos, los que quieren borrarse, esfumarse, no notarse, esos, sólo esos, son realmente peligrosos. El, que no quería más que molestar en el plano social, un daño este en modo alguno importante, aparecía siempre envuelto en una elegancia apabullante, casi abrumadora a decir de otro dandy, de Villena. Aristócrata venido a menos, sordo de nacimiento y boxeador intermitente, Antonio de Hoyos y Vinent se concentrará en lo que llamaran la "glorificación estética del pecado". Su tema predilecto el erotismo perverso, la lujuria, la muerte y una infinidad de personajes hastiados de vivir y deseosos de vivir. Una suerte de yonkis anteriores al caballo, contradictorios seres que deambulan evitando cualquier control mental externo, desarrollando cierta rebelión de ser que elude, sistemáticamente, el presente. Como apunta Cansinos, su ritmo es "el curso de una tournée des grands ducs, en absurdas noches libertinas, en que se recorren sórdidos hostales y cafés ínfimos"

El marqués de Vinent era un ser impresionante. Corpulento, con una voz algo paposa, por su sordera, y siempre de punta más allá de en blanco: camisas de seda impecables, abrigos enormes con igualmente enormes cuellos de piel auténtica, imprescindibles guantes delicadísimos, sortijas imposibles sobre estos y siempre un monóculo de carey perfectamente inútil pero que le confería ese estatus superior y distante. Una escandalosa fama de homosexual, ganada a conciencia, con constancia y aplicación. Y, por supuesto una casa igual de impresionante que él, siendo este sagrado espacio reflejo de un consumado dandy, siga este el hilo dandystico que siga:

"En el palacio que tenían en la calle Marqués de Riscal ocupaba un piso bajo cuyas enrejadas ventanas daban a unos solares en que sus ojos azules y miopes atisbaban a las parejas amorosas inocentes, de que desde allí les miraba, nada menos que con unos anteojos,
monsieur le mostre... una casa impresionante con mucho truco literario, viejas estofas y damascos en grandes sofás modernos; una buena biblioteca encuadernada en negro con la corona de marqués en oro; tallas antiguas, grabados vagamente eróticos; máscaras chinas; un gran retrato suyo pintado por Beltrán Massés, esmaltes hierros forjados, tapices orientales, vitrinas cargádas de ídolos y bibelots...."

Decían que ser
su amigo no estaba bien visto, que escribió mucho y mucho peor de lo que él mismo creyó y quizá mejor de lo que se le ha recordado. Decían que se acerco a la izquierda más radical más por epatar que por convicción real y acabó ciego, además de sordo, que eso lo fue toda su vida, y pobre, decadente, de verdad, miserable y encarcelado. Obviamente peligroso sólo fue para sí mismo y tal vez, y sólo un poco, para ese Madrid pequeño, provinciano y chulesco de las primeras décadas del pasado siglo

¿alguién más dandyficado que este marqués en este país?

jueves, 3 de septiembre de 2009

This enigmatic woman.


She was described as being very slim, almost boyish and very pretty
She was also very modern, liberated and according to Dalí, "fascinated by both him and Lorca."
During their time in Madrid together, this group, along with another painter from the school, Maruja Mallo, did some pretty interesting things. Influenced by Paris fashion, Manso and her friends started a new fashion trend in Madrid, called sinsombrerismo or nonhattism?
The trend was nothing more than not wearing a hat, a sign of emancipation.
In Madrid in the 1920s this was very scandalous.
Not wearing a hat was like not wearing clothes.
People would look at them horrified and even went so far as to yell at them or throw things at them when they were out and about the city.
Even Dalí, who loved to wear hats, joined the movement when he returned to Madrid after being suspended.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

Sinsombrerismo


Magnífico día con M.M.
Muchos sombreros, algunas fábricas, pianos que vuelan, café del tiempo y una bosa, la mía, de seda salvaje verde esmeralda con perejil verde, quizá en la mano, quizá en la cabeza.
Me olvidaba, también llevaré un abanico de plumas de pavo real
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